Cuando se dio la vuelta me dí cuenta de que el chico era Thomas.
-¡Ohh, no!-pensé-.
Intenté darme la vuelta antes de que me viera pero...
-Ey, Érica, cielo.
-Emm... hola... Creo que esto es tuyo.
Le dí la blackberry.
-Sí, gracias por preocuparte por mí-me dijo sonriente-.
Se me acercó para intentar besarme.
-Ehh, espera, ¿qué haces?-dije rechazándole-.
-Agradecertelo.
-Pues corta el royo que no cuela.
-Pero, ¿por qué no quieres estar conmigo?
-Primero porque tengo novio y le quiero mucho, segundo porque no me gustas y tercero porque eres imbécil.
De repende me oigo a alguien riéndose muy cerca mío. Me giré y era Rob.
-¿Te está molestando este tío?-preguntó Rob enfadado-.
-Rob, cielo, yo nunca molesto-contestó Thomas en tono burlón-.
-Mira chabal a mi no me vaciles que te la llevas.
Rob le cogió por el cuello de la camisa.
-Déjale, no merece la pena.
-Es verdad, no merece la pena, te ganaría-dijo Thomas flipándose-.
Ahora Rob se cabreó de verdad y le dio un puñetazo en la nariz. Le empezó a sangrar. Thomas estaba en el suelo e intentaba defenderse pero no podía.
Se sacó un mechero del bolsillo y amenazó a Rob con quemarle.
-Thomas, ¿tú eres tonto? Bueno, no sé ni por qué pregunto si ya sabemos todos la respuesta-dije enfadada-.
-¿A que te quemo, preciosa?
-No la toques ni con un palo, subnormal-replicó Rob-.
Entonces Thomas cogió el mechero y me lo paso por el borde de la camiseta. Esta empezó a arder, menos mal que llevaba agua por si me entraba sed de correr con Lady.
-Ahora sí que estás muerto.
Y Rob se volvió a avalanzar sobre él. Esta vez creía que lo mataba.
-¡YA! Parad ya, joder.
Thomas me miraba como con cara de tristeza y Rob se levantó de encima suyo y me cogió de la mano para irnos.
-Ehh, preciosa, lo siento-dijo Thomas-.
-¿Pretendes que después de intentar quemarme te perdone? Pues lo llevas claro, imbécil.
Parecía afectado pero lo que me hizo no tenía perdón. Era increíble. En fín, paso de él, para mí ya no existe.
Rob y yo seguíamos cogidos de la mano.
-Oye, ¿mañana quedamos?
-Mmmm, déjame pensar... ¡SÍ!-le sonreí-.
-Perfecto, tengo una sorpresa para tí.
-¿Qué es? ¿Qué es? ¿Qué es?
-Es... ¡una sorpresa!-dijo sacándome la lengua-.
-Jo, pues me enfado si no me lo dices...
Me besó.
-¿Después de esto también te vas a enfadar?
-No puedo (-.-)
Empezamos a reír.
-¡Ohh, no!-pensé-.
Intenté darme la vuelta antes de que me viera pero...
-Ey, Érica, cielo.
-Emm... hola... Creo que esto es tuyo.
Le dí la blackberry.
-Sí, gracias por preocuparte por mí-me dijo sonriente-.
Se me acercó para intentar besarme.
-Ehh, espera, ¿qué haces?-dije rechazándole-.
-Agradecertelo.
-Pues corta el royo que no cuela.
-Pero, ¿por qué no quieres estar conmigo?
-Primero porque tengo novio y le quiero mucho, segundo porque no me gustas y tercero porque eres imbécil.
De repende me oigo a alguien riéndose muy cerca mío. Me giré y era Rob.
-¿Te está molestando este tío?-preguntó Rob enfadado-.
-Rob, cielo, yo nunca molesto-contestó Thomas en tono burlón-.
-Mira chabal a mi no me vaciles que te la llevas.
Rob le cogió por el cuello de la camisa.
-Déjale, no merece la pena.
-Es verdad, no merece la pena, te ganaría-dijo Thomas flipándose-.
Ahora Rob se cabreó de verdad y le dio un puñetazo en la nariz. Le empezó a sangrar. Thomas estaba en el suelo e intentaba defenderse pero no podía.
Se sacó un mechero del bolsillo y amenazó a Rob con quemarle.
-Thomas, ¿tú eres tonto? Bueno, no sé ni por qué pregunto si ya sabemos todos la respuesta-dije enfadada-.
-¿A que te quemo, preciosa?
-No la toques ni con un palo, subnormal-replicó Rob-.
Entonces Thomas cogió el mechero y me lo paso por el borde de la camiseta. Esta empezó a arder, menos mal que llevaba agua por si me entraba sed de correr con Lady.
-Ahora sí que estás muerto.
Y Rob se volvió a avalanzar sobre él. Esta vez creía que lo mataba.
-¡YA! Parad ya, joder.
Thomas me miraba como con cara de tristeza y Rob se levantó de encima suyo y me cogió de la mano para irnos.
-Ehh, preciosa, lo siento-dijo Thomas-.
-¿Pretendes que después de intentar quemarme te perdone? Pues lo llevas claro, imbécil.
Parecía afectado pero lo que me hizo no tenía perdón. Era increíble. En fín, paso de él, para mí ya no existe.
Rob y yo seguíamos cogidos de la mano.
-Oye, ¿mañana quedamos?
-Mmmm, déjame pensar... ¡SÍ!-le sonreí-.
-Perfecto, tengo una sorpresa para tí.
-¿Qué es? ¿Qué es? ¿Qué es?
-Es... ¡una sorpresa!-dijo sacándome la lengua-.
-Jo, pues me enfado si no me lo dices...
Me besó.
-¿Después de esto también te vas a enfadar?
-No puedo (-.-)
Empezamos a reír.
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